Analisis Actualidad Chile 07 Oct 2022

Europa, la gran perjudicada

La dependencia energética estructural del exterior pasará una elevada factura al futuro económico de la Unión Europea (UE) y la Eurozona (EZ). Conseguir una mayor independencia energética es algo que conlleva años de planificación y de ejecución. Cualquier medida de urgencia que se tome ahora será de eficacia limitada y sin efectos beneficiosos significativos a largo plazo.

Una de las características de la UE y de la EZ en la última década ha sido su superávit en su balanza por cuenta corriente. En otras palabras, se han vendido (exportado) más bienes y servicios al resto del mundo de los que han comprado (importado). Un superávit implica que el área correspondiente aumenta sus activos frente al resto del mundo y un déficit implica que aumentan sus pasivos frente al resto del mundo. El superávit por cuenta corriente de la Eurozona ha sido uno de los principales respaldos del euro como divisa desde su creación.

La dependencia energética europea del exterior ha provocado que, en la actual coyuntura de elevados precios del gas y del petróleo, el superávit europeo se haya convertido en déficit. Así, en el segundo trimestre de 2022 el déficit por cuenta corriente de la UE es de 37,4 mil millones de euros, frente a un superávit de 8 mil millones en el primer trimestre del año.

Este déficit tiene visos de convertirse en estructural. Aunque Europa haya conseguido reducir su dependencia de las importaciones energéticas rusas del 45% al 9%, ha sido a costa de un incremento de precios estratosférico. Considerando que las sanciones a Rusia seguirán en vigor de forma ilimitada, el sabotaje de los gaseoductos Nord Stream 1 y 2 que imposibilita su puesta en funcionamiento en un horizonte previsible y la infrainversión en nueva producción de gas a nivel global en la última década, nada hace pensar que los precios del gas vuelvan al nivel de hace dos años. Recordar que los elevados precios del gas eran anteriores a la guerra de Ucrania. Por lo tanto, ante la imposibilidad y la falta de voluntad política de desarrollar fuentes de energía autóctonas en el corto y medio plazo fiables, la elevada factura de las importaciones de fuentes de energía será una constante.

Lamentablemente para Europa, la mayoría de las importaciones se pagan en dólares, no en euros, sobre todo las importaciones energéticas. Así, aunque el precio del crudo en dólares esté ahora a los mismos niveles de diciembre de 2014, en euros es un 30% más caro por la depreciación de la divisa europea.

El cambio de signo del saldo de los intercambios de Europa (UE y Eurozona) con el exterior se debe en gran medida al mayor coste de la energía pagada en dólares. Esto explica el aumento del déficit comercial con Noruega por su incremento en las ventas de gas al resto de países europeos. Llama la atención el incremento del déficit comercial de la UE con Rusia, que asciende a más de 100 mil millones de euros en los primeros siete meses del año. Las sanciones han provocado un descenso del 33% de las exportaciones a Rusia, mientras que la factura de las importaciones de productos rusos ha aumentado en un 70% debido al aumento del precio del gas.

 

Teóricamente, la depreciación del euro debería hacer más atractivos los productos europeos en los mercados internacionales al reducir su precio en dólares. En esta ocasión no está siendo así. El disparatado aumento de los costes energéticos está provocando que los productos industriales pierdan competitividad en los mercados internacionales a pesar del descenso del euro frente al dólar. El incremento del índice de precios industriales del 46% durante agosto en Alemania es un claro ejemplo de la pérdida de competitividad de la industria europea.

Los actuales niveles de inflación posiblemente sean coyunturales y tiendan a la baja. Los precios al consumo, aunque puedan seguir aumentando, no crecerán a las mismas tasas que el último año. Aun así, es muy improbable que los precios energéticos vuelvan a su nivel de hace un año. Aunque el precio del gas en Europa haya caído un 50% desde los máximos de marzo y de agosto de este año, su nivel actual es tres veces y media el precio de septiembre de 2021.

La dependencia energética europea del exterior en este nuevo entorno de elevados precios de la energía implica: una salida de riqueza de la EZ y la UE hacia los países productores, una pérdida de competitividad de los productos industriales europeos, con especial incidencia en Alemania, y un déficit por cuenta corriente que actuará como elemento debilitador del euro. Europa es la gran perjudicada de la situación actual.


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