Analisis Actualidad Chile 03 Apr 2020

Ilógico poder del rating

Ante la excepcional situación actual provocada por la pandemia del COVID-19, el BCE ha anunciado la adquisición de bonos soberanos y de empresas por un importe cercano al billón de euros durante este año 2020. 

Para que un bono emitido por una empresa pueda ser susceptible de ser comprado por el BCE es necesario que disponga de una calificación crediticia (rating) mínima que le otorgue la consideración de "grado de inversión". A mayor calificación crediticia, mayor probabilidad esperada de que la empresa haga frente al vencimiento del bono en cuestión. Por el contrario, cuanto menor rating tenga una emisión, más arriesgada se considera y, por tanto, mayor tendrá que ser el interés pagado.

La calificación crediticia equivale a una nota sobre la solvencia del emisor de un bono para pagar los cupones (intereses) y el principal de la emisión. La frontera entre el nivel considerado como "grado de inversión" mínimo (aprobado con un 5), o perder dicha categoría y considerarse un bono especulativo o bono basura (suspendido con un 4,5) es difusa y en absoluto matemática. De hecho, no siempre el rating otorgado a un bono por distintas agencias coincide en la calificación.

La mencionada calificación crediticia es otorgada por una o varias agencias de rating debidamente registradas. A pesar de que la práctica totalidad de los avisos legales (disclaimers) de los distintos informes realizados por las agencias de rating mencionan que cada inversor deberá realizar sus propios estudios y evaluaciones de cada bono para decidir si debe comprar, mantener o vender un bono, sin que el rating dado sea una recomendación de compra, la mera calificación realizada por una agencia de rating basta para que dicho bono sea susceptible de ser comprado por el BCE o, por el contrario, para descartar su adquisición por el banco central.

El anuncio de las compras de bonos de empresas por parte del BCE ha permitido que el mercado de nuevas emisiones de bonos vuelva a abrirse, pero sólo para aquellas compañías cuyos bonos son susceptibles de ser comprados por parte del BCE por tener un rating mínimo de "grado de inversión". Saber que el BCE es un potencial comprador de dichos bonos es un seguro para los inversores que inicialmente adquieren dichos bonos. Así, empresas como Airbus, Orange, E.ON o Daimler han logrado financiarse mediante la emisión de bonos esta semana, a muy bajo tipo de interés. Sin el apoyo del BCE difícilmente habrían logrado dicha financiación. 

Por el contrario, las emisiones de bonos de empresas que no cuentan con un rating mínimo de "grado de inversión", no son susceptibles de ser adquiridas por el BCE. Sus posibilidades de emitir actualmente son prácticamente nulas, poniéndose en cuestión la capacidad de refinanciar vía nuevas emisiones los vencimientos de deuda de corto plazo.

El gran peligro de tomar como criterio único de adquisición el rating de los bonos reside en que prácticamente el 50% de los bonos considerados como grado de inversión en Europa y EE.UU. están en el menor escalón. Con el inevitable deterioro de los balances de la gran mayoría de las empresas por la recesión económica en la que nos adentramos, es previsible la bajada de un elevado número de calificaciones crediticias (rating) de bonos de empresas que pierdan el "grado de inversión" pasando a ser bonos no susceptibles de ser adquiridos por el BCE. En estas circunstancias, la pérdida del grado de inversión podrá llevar a más de una empresa a situaciones cercanas a la insolvencia por la dificultad de refinanciar sus vencimientos.

Traspasar la responsabilidad de a qué empresas ayudar a financiar y a cuáles no, a las distintas agencias de rating es un grave error del BCE. No es algo nuevo. Se comete el mismo error que en la anterior crisis, dejando en manos de las agencias una responsabilidad que ni han pedido, ni sus propios avisos legales aconsejan. No se puede echar la culpa a las agencias, sino a quien les otorga un poder que ni las propias agencias desean. 


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