Analisis Actualidad Chile 17 Feb 2023

La energía mueve la economía

La energía mueve la economía. Sin disponibilidad de energía de forma permanente, sin interrupciones, y a precios asequibles, la actividad económica tal y como la conocemos hoy colapsaría. Las medidas precipitadas y poco meditadas orientadas a la "transición energética" pueden acabar creando serios problemas en la disponibilidad y en los precios de la energía. Sin energía permanente disponible, los problemas económicos y sociales están garantizados. A modo de ejemplo, Sudáfrica ha declarado el estado de Catástrofe Nacional por los cortes de electricidad de hasta doce horas al día que está padeciendo.

El objetivo de la transición energética es sustituir las fuentes de energía fósil (petróleo, gas y carbón) por fuentes de energía renovables. Hacerlo de forma precipitada, con un voluntarismo poco realista, puede causar serios problemas. El gran peligro reside en penalizar las inversiones necesarias para la producción de energías fósiles sin que estén disponibles otras fuentes de energía alternativas "no contaminantes". El propio Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha llegado a decir que invertir en nueva producción de petróleo y gas es "delirante", instando a las entidades financieras e inversores a dejar de financiar la energía fósil y centrarse en las renovables.

Según aumenta el tamaño de la economía global, aumenta la necesidad de generar más energía. De acuerdo con la EIA (Energy Information Administration), la demanda de energía global crecerá al menos un 50% en 2050 respecto a los niveles actuales. Inevitablemente, los combustibles fósiles seguirán siendo imprescindibles durante décadas. Del total de la producción energética global, el 83% procede de fuentes fósiles (31,2% petróleo, 27,2% carbón y 24,7% gas).

Las energías fósiles están presentes en toda la economía. Los dos sectores más consumidores de energía son el industrial (31% del total) y el transporte (32% del total). En el sector industrial, el porcentaje de energía procedente de fuentes fósiles es del 63%. La falta de disponibilidad de estas fuentes, o unos precios poco asequibles, tienen un severo efecto en este sector. El sector del transporte, a día de hoy, es altamente dependiente de los combustibles fósiles. La prohibición de venta de vehículos de combustión en la UE a partir de 2035 es poco realista y merece un análisis aparte.

 

La presión sobre las empresas energéticas para que dejen de invertir en proyectos de energías fósiles es intensa y creciente. Un grupo de 30 grandes inversores, con activos bajo gestión superiores a 1,5 billones de dólares (trillones americanos), ha remitido cartas a cinco grandes bancos europeos instándoles a que cesen de financiar proyectos de energías fósiles.

La propia normativa aplicable a los bancos penaliza la financiación a cualquier proyecto de energías fósiles o de empresas relacionadas con los hidrocarburos. Como consecuencia, la velocidad que se está aplicando a la deseada transición energética está encareciendo y, en algunos casos, cerrando la puerta a la financiación de numerosas empresas e industrias intensivas en energías fósiles.

En la última década se ha producido una infrainversión en proyectos petroleros y gasísticos. La inversión actual, alrededor de 400 mil millones de dólares en 2022, es casi la mitad de la existente en 2014. Con el declive natural de las explotaciones existentes, seguirán siendo necesarias nuevas inversiones durante al menos los próximos 30 años.

El CEO de Aramco, Amin Nasser, enfatiza que "... si las políticas impulsadas por ESG se implementan con un sesgo automático en contra de todos y cada uno de los proyectos de energía convencional, la menor inversión resultante tendrá serias implicaciones para la economía mundial, para la asequibilidad de la energía y para seguridad energética".

Como consecuencia de la falta de gas motivado por la guerra de Ucrania, Alemania no ha dudado en incrementar su consumo de carbón para garantizar su suministro energético, aunque sea una decisión poco compatible con la transición energética. Las sociedades occidentales dan por sentado que siempre va a existir accesibilidad y seguridad en el suministro energético. Que haya sido así hasta ahora no garantiza que lo vaya a ser en el futuro. Menos aún con la velocidad de transición energética que se desea aplicar.

Conviene recordar que sin petróleo no hay transición energética.


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