Analisis Actualidad Chile 29 Aug 2022

La Fed intenta poner orden en el desorden, acabando con el optimismo veraniego

Decíamos la semana pasada que las actas de la Fed y los “animal spirits” de los consumidores americanos, eran realmente las dos claves a tener en cuenta para apostar o no por la continuidad del sorprendente “rally” que las Bolsas han vivido en julio y en la primera mitad de agosto. Un rally inesperado que empezó tras un desastroso junio, justo en el momento en el que muchos apostaban por una fuerte caída de las Bolsas en el verano, y que ha llevado al S&P a rebotar más de un 15% y al Nasdaq a rebotar más de un 20% desde los mínimos de junio.

 

Efectivamente han sido las actas de la última reunión de la Fed, unidas a un dato bastante tibio de ventas minoristas en EE.UU. en julio y a unos resultados mixtos en las grandes cadenas minoristas americanas, las que han provocado la sensación de que un  “aterrizaje suave” (soft landing) de la economía norteamericana pilotado por la Fed no está ni mucho menos garantizado.

 

La inquietud ha aumentado tras las declaraciones a lo largo de la semana pasada de varios miembros de la Fed, entre ellos el presidente de la Reserva Federal de San Luis, James Bullard, reafirmando el tono “duro” en la lucha contra la inflación. A ello se ha unido algún dato malo, como la venta de casas a usadas en EE.UU., que ha caído por sexto mes consecutivo, un dato bastante inquietante.

 

Se ha pasado así, en muy pocos días, de la complacencia a la intranquilidad, y el escenario placentero de una contracción suave y transitoria de la economía que permita rebajar a niveles razonables la inflación sin tener que subir demasiado los tipos, se ve ahora sustituido, de nuevo, por la posibilidad de que la economía entre en una recesión profunda si la Fed sube los tipos demasiado.

 

Inflación y recesión siguen siendo las dos palabras que tratan de conjugar los inversores y lo hacen de forma sucesiva, alternando miedos y seguridades, al menos aparentes seguridades, en función de los momentos y de las noticias.

 

Pero detrás de esos estados de ánimo de los inversores hay a veces factores no tan visibles, como los llamados Fondos “Quant”, que parecen haber jugado un cierto papel en la tendencia alcista de julio y agosto. Son Fondos movidos por programas informáticos, que tratan de capturar tendencias de corto plazo, y que muchas veces se retroalimentan a sí mismos, sobre todo en momentos de bajo volumen como lo es agosto.

 

Por su propia naturaleza, estos Fondos se mueven de forma muy rápida y no emocional, y según algunas informaciones, deshicieron posiciones bajistas a fin de junio que les habían sido muy rentables en la primera parte del año, y han sido compradores de futuros en julio y agosto, cerrando posiciones cortas e incluso tomando posición larga. Uno de los motivos de ese giro fue considerar que los Fondos más tradicionales, basados en análisis fundamental, tenían un exceso de liquidez y estaban poco invertidos, con mucha liquidez y fuera del mercado, por lo que cualquier movimiento al alza podría cogerles absolutamente desprevenidos, como así ha sucedido.

 

En todo caso, más allá del papel que a corto plazo puedan jugar estos movimientos “técnicos”, que siempre son pasajeros, la corrección de la semana pasada y en particular las caídas en la sesión de cierre semanal del viernes (Nasdaq -2% en la sesión, S&P -1,3%) pueden estar anunciando el final del “rally” veraniego. En este sentido, el S&P cerró el viernes en 4.228 puntos, cerca de ese “número mágico” al que aludíamos la semana pasada, que es el que marca justo la mitad de la caída desde los máximos del 3 de enero a los mínimos de junio. Por tanto, las espadas están en alto.

 

En el siempre difícil ejercicio de intentar adivinar hacia dónde irán las Bolsas, esta vez hay que mirar a la Fed y a la reunión de Jackson Hole que se inicia el jueves y cuyo punto culminante es la intervención, el viernes, de Jerome Powell. La Fed tiene la llave de las Bolsas, y si persiste en su lenguaje “duro” no nos sorprendería ver un septiembre más bien bajista, en línea, por cierto con la tradición de otros septiembres, que muchas veces han sido peores que agosto, aunque sea agosto el que tenga la mala fama.

 

Hemos vivido, hasta ahora, un verano y un agosto muy tranquilos en las Bolsas. La situación recuerda a la de los veranos de 2008, 2018 o 2020. En 2008 agosto fue relativamente tranquilo, ya que los inversores no supieron ver lo que estaba pasando, y luego vino en septiembre el desastre de Lehman. En 2018, se pensó que el problema era la subida de los tipos de interés largos, y tras el crash de febrero cuando el tipo de interés del bono americano a diez años superó el 3%, las cosas se tranquilizaron, hasta que vino en diciembre una caída espectacular de las Bolsas que forzó a la Fed a bajar tipos en el 2019. En 2020, en medio de una liquidez extrema inyectada a causa del Covid, agosto fue muy alcista, en una fiebre compradora de las acciones tecnológicas en parte impulsada por las gigantescas posiciones en derivados del ahora atribulado SoftBank. Luego, a partir de noviembre, las alzas se generalizaron al resto del mercado tras aprobarse las primeras vacunas y se prolongaron durante todo el 2021.

 

Si tuviésemos que decir a cuál de esos tres escenarios se parece más la situación actual, pensamos que el 2018 es el más parecido, ya que ahora también las Bolsas han caído en la primera parte del año por la inflación y por el alza de tipos pero se pueden ver impactadas, en la segunda parte del año, por la amenaza de recesión.

 

Lo que pasa es que, a diferencia del 2018, ahora la Fed no puede utilizar los tipos de interés como herramienta para impulsar el crecimiento, o al menos no puede hacerlo mientras que la inflación siga disparada. Esta es la gran diferencia entre el 2022 y el 2018.

 

Por eso creemos que queda corrección, pero esto no nos hace ser catastrofistas. Vemos la situación actual de la economía y de las Bolsas, como la corrección necesaria de los desajustes económicos y de la burbuja de valoraciones provocados por los confinamientos y por la mega inyección monetaria a raíz del Covid. Obviamente la economía no está bien, porque arrastra desajustes importantes y además una deuda muy excesiva, pero mantiene una salud bastante envidiable, y no parece estar en un estado tan comatoso como algunos pretenden.

 

Estamos en fase de corrección y ajustes, y a nuestro juicio esta etapa de correcciones y ajustes se va a prolongar todavía algo más. La buena noticia es que todo está siendo muy ordenado y que las empresas ganadoras van a salir muy reforzadas, aunque el crecimiento del PIB sea “mediocre”, y ahí, en las empresas ganadoras, es donde hay que intentar estar. Un ejemplo ha sido el de Walmart y Home Depot la semana pasada, que con sus buenos resultados alejaron los temores de recesión al decir ambas que ven fuerte demanda de los consumidores pese a la subida de los precios. El contrapunto lo puso Target con sus malas cifras y proyecciones. Un nuevo ejemplo del mercado en “K” del que venimos hablando.

 

El punto fuerte de la semana es el ya mencionado encuentro de Jackson Hole, pero hay además algunos resultados empresariales de minoristas como Nordstrom, Gap o Macy´s, y de tecnológicas como Nvidia, Peloton y Salesforce. Y también algunos datos económicos interesantes como la segunda lectura del PIB americano del segundo trimestre, la venta de viviendas nuevas o el índice de precios del consumidor que tanto le gusta a la Fed y que se publica el viernes.

 

Apostaríamos por unas Bolsas ligeramente bajistas en la penúltima semana de agosto, tras empezar a asimilar los inversores la enorme dificultad del “aterrizaje suave”.


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