Analisis Actualidad Chile 14 Oct 2022

La otra guerra

La guerra comercial y económica entre China y EE.UU. no finalizó con la salida del presidente Trump, aunque ya no reciba demasiada atención por parte de los medios. De hecho, las nuevas restricciones impuestas por la administración Biden a las exportaciones de tecnología a China suponen un paso más en la guerra económica entre la principal economía del mundo y el gigante asiático.

Ambas potencias son muy conscientes de que la tecnología es clave para determinar cuál será la potencia dominante en el futuro. EE.UU., que a día de hoy está más avanzado que China en el desarrollo de semiconductores, intenta por todos los medios ralentizar el avance del gigante asiático en el campo tecnológico. Así, va imponiendo prohibiciones progresivas de venta de equipamiento para la fabricación de semiconductores de tecnología avanzada a China.

En julio, EE.UU. impuso la prohibición de vender equipamiento para la fabricación de semiconductores de hasta 14 nanómetros de tamaño a China. Anteriormente ya había prohibido facilitar la fabricación de semiconductores de hasta 10 nanómetros. Cuanto más pequeño es, más avanzado es el proceso, los materiales y el equipamiento necesario para su fabricación y mayor es su coste.

La pasada semana, la administración Biden aprobó nuevas restricciones a la exportación de tecnología a China. Entre otras cosas, se prohíbe la venta de semiconductores avanzados a China fabricados con máquinas estadounidenses, independientemente del lugar de fabricación. Como suele suceder con estas medidas, su aplicación trasciende a las empresas estadounidenses. Así, estas nuevas restricciones podrían afectar incluso a empresas como ASML, aunque sea europea.

Con esta medida se pretende lastrar el desarrollo de un largo número de sectores de la economía china al obstaculizar la fabricación china de semiconductores, supercomputadores e incluso armamento avanzado. La medida tendrá efectos perniciosos sobre numerosos sectores chinos, tales como el desarrollo de inteligencia artificial, la fabricación de vehículos eléctricos, el sector aeroespacial, el armamento avanzado y toda clase de artículos electrónicos avanzados, incluidos teléfonos móviles de última generación.

La medida adoptada por EE.UU. supone una clara declaración de desconfianza sobre el gigante asiático que inevitablemente se traducirá en represalias comerciales y económicas. Tal y como recoge el periódico oficialista chino Global Times, "este ataque salvaje al libre comercio tendrá terribles consecuencias para EE.UU".

Adicionalmente, EE.UU. ha creado una alianza denominada "Chip 4 Alliance" con Taiwán, Japón y Corea del Sur para crear una cadena de suministros de semiconductores que excluya a China. La política de bloques económicos cada vez es más palpable.

Aunque en el plan estratégico "Made in China 2025" el gigante asiático pretendía que el 70% de los semiconductores utilizados en sus industrias fueran de fabricación china, es prácticamente imposible que se alcance dicho porcentaje, incluso antes de las actuales limitaciones comerciales por parte de EE.UU. Sin la disponibilidad de dichos semiconductores avanzados difícilmente China podrá cumplir sus objetivos del plan Made in China 2025 a tiempo.

Teniendo en cuenta que China es el primer consumidor mundial de semiconductores, el anuncio de las nuevas restricciones ha arrastrado a la cotización de las empresas del sector de semiconductores a la baja. Se han visto afectas todas las empresas del sector, estadounidenses, asiáticas y europeas.

La medida adoptada por EE.UU. es un paso más en el guerra comercial y económica con China. A corto plazo supone un revés para el gigante asiático, pero a su vez incentiva la desglobalización. Si China no puede importar determinados semiconductores, aunque tecnológicamente ahora esté más retrasado en este campo, acabará produciéndolos localmente.

Aunque haya pasado muy desapercibida, las nuevas limitaciones al comercio de alta tecnología impuestas por EE.UU. son una mala noticia para el crecimiento chino y para el libre mercado y pone de manifiesto la fractura de la economía en dos bloques diferenciados.


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