Analisis Actualidad Chile 30 Nov 2018

Mal augurio para la renta fija

El fin de la expansión del balance del BCE (QE) supone un mal augurio para la renta fija en 2019. El efecto que ha tenido la actuación de la autoridad monetaria mientras inyectaba liquidez en el sistema, primero con la barra libre de liquidez a los bancos y posteriormente comprando directamente bonos, es evidente. A partir de ahora, su no intervención supondrá desandar el camino andado.

La inyección de liquidez del BCE ha ocasionado que la demanda de activos "seguros", bonos soberanos, haya sido muy superior a la oferta de dichos activos durante los años que ha durado la expansión monetaria intensa. Como consecuencia, el precio de los bonos soberanos ha subido considerablemente, siendo cada vez menor el tipo de interés de dichos bonos, incluso llegando a ser negativo.  A día de hoy sigue habiendo 8.000 millones de euros en bonos con rentabilidad negativa. Dicha cantidad llegó a ser de 13.000 millones de euros en 2016.

 

 

Cuando el principal mercado de renta fija, el de bonos soberanos (gobiernos) no ofrece apenas rentabilidad o ésta es negativa, un elevado número de inversores institucionales (compañías de seguros, fondos de pensiones, fondos de inversión...) se ve empujado hacia activos de más riesgo para lograr algo de rentabilidad.  El problema reside en el tamaño del mercado de los distintos mercados de renta fija en euros. Mientras el tamaño del mercado de bonos soberanos en euros en circulación excede de 7,5 billones de euros, el mercado de bonos corporativos (excluidos los emitidos por entidades financieras) con calificación crediticia de grado de inversión (IG) no alcanzan el billón de euros. En consecuencia, basta con que solo una parte de los inversores que en condiciones normales invertirían en bonos soberanos se desplace al segmento de bonos corporativos con grado de inversión para que el efecto en su precio y, en consecuencia, en la rentabilidad ofrecida por dichos bonos, sea considerable. Esto explica la caída generalizada las rentabilidades de todo tipo de bonos y la reducción de la prima de riesgo exigida a la práctica totalidad de los instrumentos de renta fija.

El BCE introdujo en su programa de compra de bonos la adquisición de bonos corporativo con calificación crediticia (rating) de grado de inversión. Ello provocó el sinsentido de asistir a emisiones de bonos de empresas con rentabilidad negativa: emisión de bonos al 101% del nominal y devolviendo el 100% al vencimiento. La pírrica rentabilidad, en el mejor de los casos, en los bonos con grado de inversión, empujó de nuevo a los inversores hacia bonos con calificación crediticia inferior al grado de inversión o incluso hacia bonos sin ninguna calificación crediticia. El volumen del mercado de este tipo de bonos es reducido y la liquidez de los mismos escasa. Muchos inversores institucionales se han visto obligados a acudir a este tipo de emisiones en busca de una mínima rentabilidad.

Con la finalización de las compras por parte del BCE, y en ausencia de nuevos episodios de barra libre de liquidez a la banca, la demanda de bonos soberanos se reducirá. Sin embargo, la oferta de bonos soberanos seguirá aumentando, ya que cada estado deberá emitir bonos para financiar su déficit público. Ante una menor demanda y una mayor oferta de bonos soberanos, sobre todo de los países con mayor déficit público, los precios previsiblemente descenderán y las rentabilidades aumentarán.

El fin de las compras de bonos corporativos por parte del BCE tendrá un efecto incluso más intenso que en el caso del mercado de bonos soberanos. Los tipos ofrecidos en el pasado cercano no recogen, en absoluto, una prima de riesgo adecuada. Por lo tanto, el aumento de los tipos de este tipo de emisiones será inevitable.

Este aumento de los tipos de interés en los bonos soberanos y en los corporativos con grado de inversión se trasladará al resto de bonos con menor calificación crediticia o sin calificación. Adicionalmente, la baja liquidez de la mayoría de los bonos corporativos añade un peligro evidente de caídas adicionales en su precio en caso de ventas de cierto volumen.

En definitiva, las previsiones de la evolución de las carteras de renta fija para el próximo año no son en absoluto halagüeñas, aunque posibles excesos en los mercados pueden generar oportunidades puntuales.


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