Analisis Actualidad Chile 16 Jun 2023

Mucho más que tipos de interés

Esta semana toda la atención se centra en las decisiones de la Fed y del BCE sobre los tipos de interés. Tras los últimos datos de inflación, tanto en Europa como en Estados Unidos, son numerosas las voces que consideran que los problemas de inflación ya son cosa del pasado y, por tanto, la bajada de los tipos de interés está cercana.

Diversos factores (leer "Factores Inflacionistas") como la crisis energética no resuelta, la desglobalización, los costes de la transición energética, los costes de las políticas ESG en las empresas, las medidas proteccionistas, los nuevos impuestos, o los nuevos aranceles, llevan a pensar que la inflación es más estructural de lo que descuentan los mercados financieros. Como consecuencia, los tipos de interés fijados por los bancos centrales difícilmente bajarán de forma significativa en el horizonte cercano.

Aun así, después de más de diez años de medidas de política monetaria de los bancos centrales totalmente heterodoxas e impensables antes de su adopción, la actuación de los bancos centrales va mucho más allá de la decisión de subir o bajar los tipos de interés.

La transcendencia de las decisiones de los bancos centrales estriba en que el modelo de crecimiento económico de los últimos lustros ha estado basado en tipos de interés artificialmente bajos y en liquidez abundante, suministrada directa o indirectamente por los bancos centrales. 

Las medidas que ha ido adoptando el BCE en la última década han ido aumentando, tanto en complejidad técnica como en complejidad política, para llevarlas a cabo.

El BCE bajó el tipo de interés de depósito (porcentaje al que remunera la liquidez de los bancos depositada en el BCE) hasta el 0% en 2012. A partir de 2014 el BCE decidió que los tipos de interés podían ser negativos, cobrando desde entonces a la banca por depositar liquidez en sus cuentas del BCE. Hasta aquí su actuación directa sobre los tipos de interés.

Simultáneamente, el BCE creó instrumentos que inundaron de liquidez el sistema financiero. Primero a través de los LTROs (Long Term Refining Operations), préstamos a largo plazo a un tipo de interés ínfimo, que permitían a los bancos comprar bonos soberanos con mayor tipo de interés al coste del préstamo. Por un lado, se lograba que los Estados pudieran colocar sus bonos sin problemas y, por otro lado, se reforzaban los recursos propios de la banca con beneficios garantizados en la operación (salvo quiebra de los Estados). Posteriormente, la "barra libre de liquidez" se sofisticó con los TLTROs (Targeted Longer-Term Refining Operations): su destino debía ser el préstamo a empresas de economía real y el tipo de interés aplicado llegó a ser negativo. En otras palabras, la banca cobraba intereses por solicitar préstamos TLTRO.

 

El siguiente paso del BCE fue la compra directa de bonos soberanos de los países de la Eurozona (Expansión Cuantitativa - QE). Inicialmente el BCE no compró bonos soberanos porque se consideraba que era financiación directa a los Estados, algo prohibido. Se encontró la solución (excusa) técnica para soslayar dicho impedimento. Dando un paso más en las medidas anteriormente impensables, el BCE comenzó a comprar bonos corporativos (de empresas). Sólo le ha faltado adquirir renta variable como han hecho el Banco de Japón o el Banco Nacional de Suiza.

El culmen de medidas "heterodoxas" de un banco central es el llamado "helicóptero monetario": imprimir dinero y, figuradamente, tirarlo a la población desde un helicóptero. Esta medida no se ha aplicado en Europa, pero sí en EE. UU. con las medidas de alivio contra el Covid.

Tiene importancia conocer todas estas medidas adoptadas por los bancos centrales porque han sido durante años un apoyo al crecimiento de la economía y la financiación de familias, empresas y estados. A partir de ahora la economía se verá obligada a crecer sin un aumento permanente de la deuda y sin estímulos artificiales de la demanda. La innovación y la productividad necesariamente tendrán que ser el motor del crecimiento.

Como siempre, habrá empresas ganadoras y perdedoras. Muchos zombies se quedarán por el camino, pero otras sabrán adaptarse al nuevo entorno.


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