Analisis Actualidad Chile 20 Nov 2020

Normalización de lo absurdo

La normalización de lo absurdo por la reiteración de una situación anómala y su permanencia a lo largo del tiempo, acaba por no llamar la atención y ni siquiera ser noticia destacada en los medios de comunicación.

Así, el tipo de interés de los bonos del Tesoro español a diez años ya no ofrece rentabilidad a los inversores. Su rentabilidad es CERO (para ser exactos 0,075%). De hecho, las últimas emisiones de bonos del Tesoro a 3, 5 y 7 años, se han saldado con rentabilidades negativas del 0,437%, 0,395% y 0,260%, respectivamente. En otras palabras, los inversores que adquirieron dichos bonos están dispuestos a prestar dinero al Tesoro español sabiendo que si mantienen los bonos hasta el vencimiento acabarán perdiendo dinero, recibiendo menos importe del que invirtieron.

La lógica económica dicta que cuando un deudor, en este caso el Estado español, aumenta el nivel sus deudas tanto en términos absolutos (en euros), como en términos relativos (comparado con el PIB), la probabilidad de impago es mayor y, en consecuencia, el tipo de interés exigido a las nuevas emisiones de deuda será superior. Pues bien, cuando España marca récords históricos de deuda pública es capaz de cobrar intereses por financiarse, en lugar de tener que pagarlos. Todo un desafío a la lógica.

 

 

Esta situación tan extraordinaria no es exclusiva de España. El resto de países que comparten el euro como moneda única, se encuentran en una situación análoga. Incluso los bonos griegos con vencimiento a dos años ofrecen rentabilidad negativa. Obviamente, esta situación tiene una explicación: la ingente intervención del Banco Central Europeo situando los tipos de interés de corto plazo en negativo y comprando crecientes cantidades de bonos soberanos.

El efecto de las compras del BCE es tan evidente, que desde que inició el último programa de compras de bonos soberanos, el PEPP (Pandemic Emergency Purchase Programme), los tipos de interés de los bonos de los distintos Estados de la Eurozona se han desplomado. El bono italiano ha pasado del 2,5% a ofrecer sólo el 0,6%. España y Portugal han reducido la rentabilidad de sus bonos en un 1,5% hasta CERO.

 

 

Es lógico preguntarse quién cobra bonos soberanos con rentabilidad negativa. Además del BCE, a través de los distintos bancos centrales de cada país, los bancos nacionales y extranjeros son grandes compradores de bonos soberanos. La explicación tiene que ver por un lado con las medidas del BCE que le afectan, y por otro lado con la normativa bancaria.

El BCE cobra un 0,5% a los bancos por la liquidez que depositan en el banco central. A su vez, el BCE les proporciona liquidez vía préstamos por los que, en lugar de cobrarles intereses, les llega a pagar hasta un 1%. Por lo tanto, de forma muy simplificada, pidiendo prestado al -1% e invirtiendo al -0,6% todavía les sale rentable.

La normativa bancaria incentiva la inversión de los recursos de la banca en bonos soberanos. Los considera "sin riesgo" y por tanto no les consume capital. Si invierten en bonos de empresas, o prestan a clientes, sí les supone consumo de capital.

Otros inversores institucionales se ven forzados a invertir en bonos soberanos porque así lo definen sus normas de actuación.

Por último, sólo algunos inversores invierten en bonos con tipos negativos con la esperanza de poder venderlos antes de vencimiento con una ganancia. Esto sólo ocurriría si los tipos caen todavía más.

Todos los países de la Eurozona, especialmente los del sur, viven en un espejismo con los tipos actuales de sus bonos soberanos. Disfrutan de una reducción considerable de la carga de intereses de su deuda pública, pese a situar su endeudamiento en niveles récord. El mantenimiento de esta situación depende de un mantenimiento de la política ultraexpansiva del BCE. Nadie quiere mencionar que esta situación no será permanente. Cuando pase la pandemia y la situación de excepcionalidad actual, difícilmente los "países del norte" permitan al BCE seguir con esta política de forma indefinida "sin contrapartidas".

Con la comodidad de financiarse "gratis" es una incomodidad pensar en un futuro menos amable.


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