Analisis Actualidad Chile 01 Jul 2022

Sin Petróleo no hay Transición Energética

"¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?" Lc 14, 28

El mundo occidental, con Europa a la cabeza, ha asumido unos objetivos de transición energética muy ambiciosos. De forma simplificada, dicha transición consiste en la sustitución de las fuentes de energía fósiles (carbón, petróleo y gas) por fuentes de energía renovables "no contaminantes". Teniendo en cuenta que se estima que la demanda global de energía se multiplicará por tres de aquí a 2050, esta transición energética es un gran reto. No basta con sustituir las fuentes de energía fósiles actuales, sino que será necesario aumentar enormemente la capacidad de generación energética para satisfacer la demanda.

La promoción y el empuje de esta transición energética está siendo acompañada de una elevada presión sobre las industrias intensivas en energías fósiles y, sobre todo, de una demonización de las inversiones destinadas a nueva producción de dichas energías. A modo de ejemplo, recientemente el secretario general de la ONU ha aseverado que invertir en nueva producción de petróleo y gas es "delirante" e instaba a todos los actores financieros a dejar de financiar la energía fósil y centrarse en las renovables.

Así, las compañías petroleras corren el riesgo de ser excluidas como posible destino de la inversión de miles de inversores institucionales (fondos de pensiones, fondos de inversión, compañías de seguros). Por otro lado, la propia normativa aplicable a los bancos penaliza los préstamos a compañías con "elevada huella de carbono".

Los sectores más intensivos en la emisión de CO2 llevan años reduciendo significativamente sus inversiones en ampliar la capacidad productiva. Este es el resultado de la presión a la que se ven sometidos, la falta de claridad regulatoria e incluso a la presión de sus propios accionistas. Así, los sectores de "minería y metales", "producción de petróleo y gas" y "acero" son los que menos inversiones están realizando, en comparación con la media de los diez últimos años, limitando su capacidad de producción futura.

Las consecuencias de la infrainversión de los últimos años en el sector petrolero son palpables en los altos precios de la energía desde 2021, acentuadas ahora por la guerra de Ucrania. Se estima que en 2025 habrá menos petróleo disponible que actualmente por la falta de inversión. Aun así, la demanda sigue creciendo.

Se demoniza al sector petrolero y a los sectores intensivos en el consumo de energías fósiles y se ponen trabas de todo tipo a las nuevas inversiones en aumentos de capacidad de estos sectores. Todo ello, es completamente contraproducente con los objetivos de la transición energética.

Para la construcción de la infraestructura de los parques eólicos y fotovoltaicos se requiere una enorme cantidad de petróleo. La fabricación de las turbinas de viento requiere gran cantidad de acero. Para la fabricación del acero se necesitan elevadísimas temperaturas que se obtienen mediante la utilización de fuentes de energía fósil.

Una planta eólica requiere hasta nueve veces más minerales que una planta de cogeneración de gas. Para la fabricación de un vehículo eléctrico se necesita seis veces más cantidad de minerales que los utilizados en la fabricación de un vehículo de motor de combustión. Si se limita la explotación minera por sus efectos contaminantes, difícilmente habrá minerales suficientes para poder abordar una fracción de los objetivos de la transición energética.

Para poder aislar adecuadamente una vivienda y hacerla "medioambientalmente sostenible" es imprescindible utilizar plásticos y aislantes que se producen a través de hidrocarburos. Pretender acabar con los hidrocarburos es contraproducente para la propia "sostenibilidad medioambiental".

Occidente, y Europa en especial, corre el riesgo de fracasar en su transición energética, encareciéndola, alargándola en el tiempo y creando una situación de un coste de la energía difícilmente asumible para las familias y empresas europeas.  

Por primera vez en muchas décadas, Europa siente la amenaza de posibles problemas de disponibilidad energética, con planes de racionamiento del suministro en países como Alemania. Como consecuencia, estos países no han dudado en volver al carbón, olvidando temporalmente, la transición energética.

Al igual que en la cita inicial, no se puede construir una "transición energética" sin calcular el coste y la viabilidad de dicha transición. Se corre el riesgo de abandonar las fuentes de energías fósiles tradicionales antes de disponer de las nuevas fuentes de energías limpias.


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