Advertencia de 2013 hecha realidad

por Jesús Sánchez Quiñones
15 julio 2022

 

A veces una convincente comunicación por parte de los bancos centrales es suficiente para lograr el objetivo de calmar a los mercados financieros. En 2012, Draghi consiguió encauzar una crisis en los bonos de los Estados periféricos con una declaración verbal"Dentro de nuestro mandato, haremos todo lo que sea necesario para salvar el euro. Créanme, será suficiente".

Ahora, la sucesora de Draghi al frente de la política monetaria de la Eurozona no lo tendrá tan fácil para encauzar la inflación y controlar las primas de riesgo de los bonos periféricos sólo con mensajes supuestamente contundentes. A pesar de las reiteradas declaraciones de los distintos representantes del BCE, reiterando que serán beligerantes con la inflación, la realidad es que a día de hoy la inflación del conjunto del Área Euro es del 8,6% y los tipos de interés del BCE siguen en NEGATIVO, en el -0,50%, su mínimo histórico. No es casualidad que el euro marque mínimos de 20 años con el dólar.

Sorprende que desde 2014 el BCE no haya estimado oportuno situar los tipos de interés ni siquiera a cero. Ahora, con una inflación desbocada, que cuadruplica su nivel objetivo, se ve obligado a subir los tipos con el consiguiente daño sobre el crecimiento económico y los estados hiperendeudados

 

 

A diferencia de la Reserva Federal estadounidense, o del Banco de Japón, el BCE tiene que aplicar una única política monetaria a 19 países con economías muy distintas. De forma ilustrativa, la inflación de la Eurozona se sitúa en el 8,6%, pero el índice armonizado de inflación por países oscila entre el 21,9% de Estonia y el 5,8% de Malta. La dificultad de conseguir que las medidas sean igual de efectivas para economías tan dispares es casi insuperable.

Hay que recordar que el mandato del BCE es mantener la estabilidad de precios dentro de la Eurozona y, de forma secundaria, la estabilidad financiera. Teniendo en cuenta que el objetivo de inflación del BCE es del 2%, es obvio que, al menos de momento, no está logrando cumplir su mandato. Aunque no esté directamente dentro de su mandato, el BCE es sensible, en su toma de decisiones, con la desaceleración económica achacada a la guerra de Ucrania y con los conatos de problemas en la financiación de algunos países europeos, especialmente Italia.

Así, se espera que en su próxima reunión de julio el BCE anuncie su plan "antifragmentación financiera". En otras palabras, qué medidas adoptará para que las primas de riesgo de los países periféricos más endeudados no se disparen a niveles insostenibles. Con subidas de tipos de interés y con el mensaje de no incrementar más su balance comprando bonos, el BCE tiene un gran reto para convencer a los inversores.

La elección del BCE sobre qué camino tomar en la actual coyuntura es realmente complicada:

Si realmente sube los tipos de interés en la cuantía necesaria para llevar la inflación a su nivel objetivo y además aplica una política de reducción de su balance dejando de comprar bonos (QT), como ha comenzado a hacer la Reserva Federal, dañaría considerablemente el crecimiento llevando a la Eurozona a una recesión y sería difícil evitar que las primas de riesgo de los países periféricos se disparasen.

- Por el contrario, si prima el no perjudicar al crecimiento económico a corto plazosubirá menos los tipos de interés, seguirá habiendo una inflación por encima de su objetivo durante bastante tiempo y el euro se seguiría debilitando. A su vez, un euro débil es inflacionista al encarecer las importaciones.

Al BCE no le queda más remedio que subir de forma rápida los tipos de interés, al menos "algo". La ventana de oportunidad para ejecutar dichas subidas es muy estrecha. El empeoramiento de las previsiones económicas, si se materializa el temido corte del gas ruso, hará muy difícil la materialización de subidas sucesivas en el tiempo.

A pesar del lenguaje del BCE de lucha feroz contra la inflación, la realidad es mucho más dócil. La Comisión Europea prevé una inflación del 7,6% en 2022 y del 4,3% en 2023 para el conjunto de la Eurozona. Aun así, aunque el BCE no dé estimaciones de tipos a futuro, el mercado descuenta que subirá los tipos hasta el 1% en 2022 y en torno al 1,5% a final de 2023. En otras palabras, los tipos de interés reales (descontada la inflación) serán del - 7,3% y del -3,1% a finales de 2022 y 2023 respectivamente.

Ya en el año 2013, el BIS, conocido como el Banco Central de los Bancos Centrales, advertía que "la actuación de los bancos centrales permite que los sectores públicos y privados de los países afectados por la crisis tengan más tiempo para realizar sus ajustes, pero en ningún caso evita dichos ajustes. Además, cuanto más tiempo duren las medidas excepcionales de los bancos centrales, mayor será el coste que habrá que asumir posteriormente en el proceso de normalización de la política monetaria" (leer artículo de 2016)

Tras casi una década ignorando las advertencias del BIS, el BCE se enfrenta a una complicadísima decisión: aplicar las medidas que le obligaría su mandato, o continuar "ganando tiempo" para aplazar los inevitables ajustes a los que se refería el BIS ya en 2013.


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