La anestesia surte efecto

por Jesús Sánchez Quiñones
12 abril 2019

Sorprende la distinta reacción del mercado financiero ante un mismo evento acontecido con seis meses de diferencia. Durante 2018, el tipo del bono italiano sufrió las consecuencias de las desavenencias entre la Comisión Europea (CE) y el gobierno transalpino respecto a la fijación del nivel previsto de déficit público para 2019. El gobierno pretendía presentar un presupuesto con un déficit previsto del 2,4%, inadmisible para la CE. La tensión en las negociaciones y la aparente falta de acuerdo hacían presagiar un expediente de déficit excesivo e incluso la (inverosímil) imposición de una sanción a Italia. El tipo de interés exigido al bono italiano se dobló en cuestión de meses, pasando del 1,8% al 3,6%. Finalmente, los socios europeos cedieron y se aprobó un presupuesto con un déficit previsto del 2,04%.

 

 

Desde que se alcanzó el acuerdo entre el gobierno italiano y las autoridades europeas en los últimos meses de 2018, el tipo del bono italiano se ha reducido en un tercio, pasando del 3,6% a un 2,36%. Esta mejora se ha mantenido incluso tras el reconocimiento del gobierno italiano de una ausencia total de crecimiento económico para este año, incumpliendo la optimista estimación contemplada en los presupuestos del 1%. Obviamente, a menor crecimiento económico, mayor déficit previsto. Ya se estima que el déficit del ejercicio se situará incluso por encima del 2,5%, nivel superior al solicitado por el gobierno italiano durante las negociaciones del año pasado y que generó los mayores niveles de tipos de la deuda italiana en años.

¿Qué ha cambiado desde el último trimestre de 2018 a ahora para que los inversores hayan olvidado los temores que tenían entonces? La única respuesta razonable es la confianza en la actuación del BCE y en la laxitud de las autoridades europeas. Los mensajes que transmite el BCE se traducen en la práctica en que los efectos de su actuación anestesian las primas de riesgo de los activos en cuanto se produce el menor síntoma de desaceleración económica. Realmente lo está consiguiendo.

Por su parte, la laxitud permanente de las autoridades europeas, pese a la pose de dureza en las negociaciones, lleva a pensar a los inversores que pase lo que pase, no ocurre nada. Como el euro se considera irreversible, parece no preocupar el empeoramiento de la sostenibilidad de las cuentas públicas de algunos países, ahora principalmente de las italianas. 

Los mercados financieros suelen actuar de forma ciclotímica, alternando fases de apetito por el riesgo con fases de aversión total al riesgo. Las dosis de anestesia del BCE consiguen aplazar las segundas, pero no consiguen que los riesgos desaparezcan. De momento la anestesia funciona, y puede seguir haciéndolo durante tiempo, pero conviene no olvidar que es anestesia.           


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